El origen del alza: presión internacional y menor capacidad de contención
Desde la academia, el diagnóstico es categórico. El economista Juan Andrés Riquelme, de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Talca, advierte que el escenario era previsible en un contexto global marcado por tensiones geopolíticas.
“Desde el momento en que estalla un conflicto bélico, se cortan las cadenas de suministro, se disminuye la oferta de combustible y eso naturalmente va a llevar a alzas en los precios”, explicó.
El factor internacional golpea con fuerza a una economía abierta como la chilena, altamente dependiente de la importación de combustibles. A esto se suma el rol del Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO), que si bien actúa como amortiguador, hoy enfrenta límites evidentes frente a shocks externos de gran escala.
“El MEPCO va a seguir funcionando con un poco menos de inyección de liquidez, si se quiere, aunque la verdad es que no inyecta liquidez, sino que reduce recaudación”, precisó el académico, subrayando la naturaleza técnica de un instrumento que no elimina el problema, sino que lo modera parcialmente.
Efecto bola de nieve: del transporte al costo de vida
El alza de los combustibles no opera en aislamiento. Su impacto es sistémico y transversal. Riquelme lo describe como un “efecto bola de nieve” que comienza en el transporte, escala hacia los costos logísticos y termina encareciendo bienes y servicios esenciales.
“Es difícil imaginar hoy día algún bien o servicio que usted consuma en su casa y que no haya utilizado combustible en alguna parte de su proceso productivo”, sostuvo.
Desde el pan hasta los productos tecnológicos, desde el transporte público hasta los servicios básicos, todos incorporan en algún punto costos asociados a la energía. Esto abre un frente inflacionario complejo, con potenciales efectos en indicadores indexados como la UF, tensionando aún más los presupuestos familiares.
Ajustes del Ejecutivo: medidas correctivas con efecto condicionado
Ante el escenario, el Gobierno activó ajustes en el cálculo del precio de paridad del MEPCO, ampliando su ventana de dos a cuatro semanas. La medida apunta a suavizar las fluctuaciones y evitar alzas bruscas en períodos cortos.
Para el académico, la dirección es adecuada, aunque no suficiente por sí sola.
“Las medidas anunciadas van en la dirección correcta”, afirmó, advirtiendo que su efectividad dependerá directamente de la duración de las presiones internacionales sobre el precio del petróleo.
El problema de fondo persiste: mientras los mercados globales mantengan incertidumbre y volatilidad, la capacidad de amortiguación local seguirá siendo limitada.
Impacto en los hogares: ajuste y cautela ante un escenario prolongado
Más allá de la macroeconomía, el golpe se siente en la vida cotidiana. El economista proyecta un escenario de alzas sucesivas, moderadas pero persistentes, que obligarán a una gestión más estricta del gasto.
“Tener cuidado, observar bien el presupuesto, evitar algunas compras que no sean 100% obligatorias y prepararse para eventuales alzas, que no van a ser tan grandes, pero sí sucesivas”, recomendó.
La advertencia no es menor. El encarecimiento sostenido de los combustibles amenaza con consolidarse como uno de los principales motores de presión inflacionaria en los próximos meses, afectando especialmente a los sectores medios y vulnerables.
El fenómeno ya está en marcha y sus efectos comienzan a filtrarse en toda la estructura económica. La señal es inequívoca: el combustible caro no es un episodio aislado, sino un factor estructural que redefine el costo de vivir en Chile.


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